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sábado, 3 de enero de 2015

VEINTIUNO


Tal día como hoy, hace veintiún años, me levante temprano, me lave la cabeza, cogí tus cosas , llevamos a tus hermanos a casa de los abuelos y junto con tu padre esperamos a que llegaras a este mundo. Lo hiciste por la tarde, con esa decisión que te caracteriza. Rápida y sin dilación. Tu primera bocanada de aire fue para avisar al mundo de que alguien muy especial había llegado. Y es que tu, querida niña te hiciste querer desde el primer momento. Ese año pasamos el día de Reyes en la clínica y tu fuiste nuestro mejor regalo. Juguete de tus hermanos, amiga de tus amigos,has crecido rápido.
Inquieta, curiosa y valiente pronto continuarás tus estudios en otro continente y no dejas de sorprenderme porque cuando te propones algo , ya nos has demostrado a los que te conocemos bien, que nada te detiene. Ciudadana del mundo,  te deseo de todo corazón que sigas tu estrella y que allá donde vas, tierra de koalas, canguros, diversidad y contraste , dejes tu buena estela. 
Soy tu fiel entusiasta agradecida por tantos caminos como nos abres y por compartir tus experiencias. Decirte a ti y a todos los que estáis fuera, que por muy lejos que os encontréis, en los corazones de vuestras madres siempre encontrareis vuestro hogar y vuestras raíces. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

UN FINAL PARA M Y P

Conocí a Montse en el verano del 2.005 cuando me apunté a un curso de cocina en el centro cívico de Sarriá. Nos hicimos amigas enseguida. Parlanchina y vivaracha me gustó desde el primer momento. Al terminar la clase soliamos ir a tomar algo a la terraza de un bar que estaba cerca. Montse trabajaba en su casa. Era correctora de libros y yo precisamente era editora aunque ya las dos nos encaminabamos a la edad de la jubilación. Un dia de repente pensativa me dijo " La receta que hemos aprendido hoy le hubiera encantado a Pedro. Fijate, murió justo hace un año" . En un momento su semblante se entristeció y pensé estaba a punto de echarse a llorar. " Lo siento ¿era tu marido?" le dije en voz baja para no invadir sus recuerdos. " Pedro era Pedro. No sabría decirte todo lo que era para mi y eso que tuvimos una historia turbulenta de esas de teatro, pero le dió tal giro a mi vida que sin el no estaría aquí hablando contigo sino abrazada a mis gatos y libros sola en casa" Entonces me conto una historia preciosa de esas de libro con final feliz. 

martes, 9 de diciembre de 2014

RELATO. Num.3 CONTINUANDO CON MONTSE

Aquella noche Montse no pegó ojo. Su cerebro y su cuerpo eran como vasos comunicantes y los nervios se tradujeron en fiebre y gastroenteritis. Así estuvo tres días hasta que se dijo a si misma -¡ Basta! Me va a dar algo. Voy a volver a ese centro  a buscar a Pedro - Así fue como empezó su transformación. Fue a la peluquería. Se compró ropa y por una vez se dio cuenta de que su vertiente femenina todavía existía. El día señalado se dirigió al centro. Llegó y entró sin dilación. Allí estaba el profesor - Claro que me acuerdo de ti, Montse ¿ como estas? - Ella de reojo miraba la puerta entre abierta de la clase. Y vio a Pedro. Estaba hablando con los demás. Pedro la vio a ella y salió. Se acercó mirándola a los ojos y ¡zas! Le arreo un buen tortazo mientras gritaba - ¡ Te llamé, te llamé mil veces y tu abuela siempre me decía que no estabas o no podías ponerte !
Montse entonces tuvo unos flashes de su adolescencia - Abuela ¿Quien era? 
-Un pesado que se equivoca siempre - luego dejaron de llamar. Ella pensó simplemente que "el pesado" se había cansado de molestar ¿Porqué le había hecho esto la buena mujer ? ¿Para protegerla? Que equivocada y poco acertada estuvo, iba pensando Montse mientras tenía la mano puesta en la cara por el escozor y miraba a Pedro sin verlo.
- Pedro ¿ de verdad me llamabas? Que mal. Mi abuela. No lo entiendo - iba diciendo Montse confundida.
- También te escribí ¿No leíste mis cartas? - Pedro aturdido iba enumerando todo lo que había hecho para contactar con ella.
- Mi abuela no me las dio ella tenía la llave del buzón - y no solo del buzón pensaba Montse, sino la de mi vida entera. Ahora ya no podía preguntarle. Ahora solo ella manejaba su barca. 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Relato - 2. LOS DEVANEOS DE MONTSE

Montse llego a su casa en estado de shock. Ella, mujer cargada de dudas e insegura ¿ le había propiciado un cachete al antiguo amor de su vida? Todavía no podía creer lo que había hecho. Había sido su mano. Desde luego. O mejor dicho, su corazón. En condiciones normales se hubiera muerto solo de pensarlo pero aquel día algo había cambiado en la profundidad de su ser. 
Su gato se caracoleó entre sus piernas ronroneando como hacía siempre que llegaba a casa pero enseguida se separó porque hasta el notó que su dueña estaba diferente. 
Lo que más había impactado a Montse era que Pedro estaba igual que hacía treinta años. Su mirada. Su voz perlada. Su sonrisa. Su desparpajo. Todo había vuelto a despertar en ella esos encuentros fugaces en el ascensor de casa de su abuela. Con esos recuerdos había sobrevivido todo ese tiempo y ahora aún se volvían más vivos. Sonrió porque a pesar de todo estaba contenta. 
Se preparó un café bien cargado y se tumbó  en el sofá a pensar. 
De repente le asaltó una idea tremenda. Si volviese a ese centro la semana próxima, a la misma hora, es probable que volviera a ver a Pedro. No. Eso no iba a pasar ¿ Y porqué no? Le gritaba una vocecita desde su interior. No. Montse no era de esas que se atreve a enseñar al mundo sus sentimientos. Ella ya estaba bien siendo una rata de hemeroteca escribiendo críticas de libros y publicandolas en El Periódico. Los libros junto con su gato Tarzán habían sido su familia desde que murió su abuela. 
Pedro ¿ Como debe ser tu vida ? Pensó Montse mientras cogía la taza con las dos manos para sentir el calor y aspirar el aroma del café. Entonces pensó que se moría de ganas y curiosidad de volver a verle. Pero eso no podía pasar.

lunes, 1 de diciembre de 2014

RELATO-1- El reencuentro inesperado.

Un día por azar, paseando por Sarriá, Montse vio un anuncio que le llamó la atención. “Curso de autoconocimiento integral y crecimiento interior, impartido por el profesor Bernardo Masía”. Montse se paró en seco - “Que titulo tan sugestivo, pero no tengo tiempo y habrá gente bien preparada” pensó mientras miraba el escaparate de lo que le pareció un centro cultural donde había más prospectos colgados. La foto del profesor decía mucho. Pelo cano peinado hacia atrás, camisa azul tejana bien planchada y mirada sonriente. “Entro y pregunto. No. Mejor otro día. Hoy es tarde. Ay no sé. Es una tontería. Seguro pareceré ridícula”. El cristal reflejaba la propia imagen de Montse. Estatura baja, más bien rellena, su físico no era de lo que más orgullosa estaba. En realidad, no se gustaba en absoluto. “Entro a pedir información. Diré que es  para una amiga “pensaba Montse retorciendo el asa del bolso hasta hacerse daño en los nudillos sin darse cuenta.
Bernardo la observaba desde dentro. Veía la cara de sufrimiento de Montse que se había quedado embobada mirando su anuncio “¿Qué le pasará a esta chica por la cabeza?” Decidió salir y preguntarle.
-        Hola ¿puedo ayudarte? Veo que hace rato estás mirando el cartel- dijo Bernardo con un tono de voz sugestivo y amable entornando un poco los ojos por el sol en contra.
-        ¿Es a mí? – Contestó Montse sorprendida.
-        Sí, claro, no te asustes mujer ¿te interesa el curso? Soy Bernardo, el profesor ¿y tú? – Bernardo por entonces viendo que la chica le miraba con ojos desorbitados, le tendió la mano amigablemente.
-        Bueno – balbuceó Montse mientras le decía su nombre- no sé, es para una amiga. Yo no, o sea  para mí no sé yo si     -Montse intentaba ganar tiempo mientras pensaba que solo quería salir corriendo, volver a su casa, entre sus cosas conocidas, con su gato sus libros y poco más.
-        Pasa sin miedo, te voy a presentar – le dijo el profesor cogiéndole de la mano. No había duda de que ese curso estaba pensado para personas como ella. Se la veía frágil e indefensa.
Al entrar un fuerte olor a incienso la incomodó. Nunca había soportado ese olor. La luz era de fluorescentes, de lo peor. Montse se encontró en una habitación cuadrada con colchones en el suelo donde había  varias personas “No me puedo creer que yo esté aquí  con esta gente que no conozco de nada ¡qué vergüenza! ¿Qué van a pensar de mí? Pero qué horror ¡Socorro! Quiero salir de aquí”
-        Os presento a Montse -  dijo Barnardo - Montse estos son Alvaro, Celia, Jose y Pedro. Todos están como tú, porque es el primer día.
-        Ah. Hola. Perdonad. Es que pasaba y he visto, bueno, el letrero, pero no sé yo si puedo quedarme- a Montse no le salían las palabras ni conseguía hilvanar dos frases seguidas. Sentía las miradas de los demás clavadas en su cara como dardos punzantes.
Y entonces ocurrió algo insólito, algo que recordaría el resto de su vida. Uno de los alumnos se levantó, se le acercó y le dio un  abrazo diciéndole:
-        Montse, querida, no te acuerdas de mí, soy Pedro, el vecino de casa de  tu abuela, el hijo de Maruja.
Y Montse recordó. Recordó los encuentros fugaces en el ascensor con Pedro. Los manoseos y besos rápidos que se daban. El olor entre chicle y caramelo de su aliento caliente, cuando apenas tenían catorce años. Las promesas de amor eterno y las cartas que Pedro le dejaba en la mochila y ella luego releía una y mil veces en la cama. Pero lo que tenía más presente y le había perseguido durante casi treinta años era  que un día Pedro cambió de barrio. Se mudó con su familia y a pesar de las promesas y de que ella le esperó al principio con el corazón en vilo y luego ya rota de dolor sin esperanza, desapareció para siempre, llevándose con él no solo su inocencia sino su confianza en el sexo opuesto.
Montse se separó de Pedro, le miró fijamente a los ojos y le propició una sonora bofetada, una bofetada que le debía hacía muchos pero que muchísimos años.
No se quedó en la clase. Aquel día por primera vez en mucho tiempo se fue cantando camino de su casa.


martes, 25 de noviembre de 2014

CRUCE CEREBRAL

En mi despacho ordeno los documentos en carpetas de plástico de colores. Esto hace que encuentre enseguida lo que busco. Pues bien. Ayer se me perdio la amarilla. Pasaba una por una las carpetas y no estaba. No entendía porque. Otra vez repasaba. Nada. No estaba. Al final dije - NO PUEDE SER - nadie entra en mis archivos. Tiene que estar. Las saque todas. Una por una. Lo que habia ocurrido es que la azul se habia montado sobre la amarilla y se veia verde. Me reí sola. La mayoria de las veces tenemos fijaciones que hacen que nos enroquemos. Igual que me ocurrió a mi ayer,  nos pasa muchas veces que no concebimos que haya pasado lo que de verdad esta pasando y perdemos el tiempo miserablemente por tonterías.  

lunes, 17 de noviembre de 2014

PUENTES

Una persona que aprecio mucho me decia el otro dia que habia cruzado unas palabras desafortunadas con otra a la que tambien quiero mucho y que estaban enfadadas. Me supo mal porque ya se que cuando uno se enroca, lo que mas cuesta es desenfadarse. La muralla separatoria se va consolidando y luego ¡Como cuesta construir un puente! Enfadarse es separar. Es desunir. Es estar a disgusto. Son todas las palabras que no nos gusta oir. Sugiero abrazo, sonrisa, guiño, complicidad y recuperar las risas de antaño.