Las conocí en un evento automovilistico,afición de mi marido hace ya muchos años. De esas cosas que una no sabe realmente a lo que va ni lo que se va a encontrar, pero enseguida conectamos , como si ya estuviéramos predestinadas a ser amigas. Hay veces que la química entre personas se produce sola sin ningún tipo de esfuerzo y ese denominador común , ese instinto femenino hizo germinar la semilla de una larga amistad. La otra noche cené con ellas. Hacía tiempo que no nos veíamos. Por turnos intentamos explicar los eventos de cada una porque no queríamos perdernos nada de nadie. Pero siendo seis era difícil no liarla entre risas y jaleo. Explosivas, dinámicas y activas las conversaciones se cruzaban como dardos. No todo ha sido siempre camino de rosas pero hemos ido sorteando los obstaculos a la largo de tantos años con la tranquilidad de que podremos saltar muchos más.
Pretendo escribir en este blog los pensamientos que surgen ante situaciones comunes o extraordinarias.
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miércoles, 21 de enero de 2015
domingo, 11 de enero de 2015
APPLE Y SU FAUNA
Ayer fui a la macro tienda que tiene Apple en el centro de Barcelona. En la entrada un chico alto y enorme iba diciendo " Si usted sabe lo que quiere pongase en esta cola, si usted necesita ver el producto, hagalo en aquellos mostradores, si usted necesita información vaya a la derecha, si usted..." Elijo la opción ver el producto. Me atiende un chico extremadamente bajo con el pelo rapado al cero excepto una coleta gruesa cortada al ras que parece una brocha de afeitar. Se explica con celeridad. La tienda está a tope. Me coloco en la fila de "ya sabe usted lo que quiere". Doy mi nombre. Al cabo de unos minutos viene a buscarme una chica. Lleva un piercing en el labio inferior, otro en la lengua y un aro debajo de la nariz. Empieza a hablarme muy rápido del dispositivo y de los datos en la nube pero yo apenas la escucho. Mueve sus abalorios arriba y abajo con una rapidez tan asombrosa que me tiene hipnotizada. Solo pienso en la posibilidad de que se los trague. Me traslado a otra mesa. Allí me atiende un chico con los brazos totalmente tatuados. También con aros en la boca. Si hace cuarenta años hubiéramos hecho el ejercicio de imaginar que algunos dependientes de hoy estarían horadados, quemados , tatuados y llenos de aros, nadie nos hubiera dado crédito.Nuestras abuelas creerían que están en otro planeta. Grandes informáticos, eso si.
sábado, 3 de enero de 2015
VEINTIUNO
Tal día como hoy, hace veintiún años, me levante temprano, me lave la cabeza, cogí tus cosas , llevamos a tus hermanos a casa de los abuelos y junto con tu padre esperamos a que llegaras a este mundo. Lo hiciste por la tarde, con esa decisión que te caracteriza. Rápida y sin dilación. Tu primera bocanada de aire fue para avisar al mundo de que alguien muy especial había llegado. Y es que tu, querida niña te hiciste querer desde el primer momento. Ese año pasamos el día de Reyes en la clínica y tu fuiste nuestro mejor regalo. Juguete de tus hermanos, amiga de tus amigos,has crecido rápido.
Inquieta, curiosa y valiente pronto continuarás tus estudios en otro continente y no dejas de sorprenderme porque cuando te propones algo , ya nos has demostrado a los que te conocemos bien, que nada te detiene. Ciudadana del mundo, te deseo de todo corazón que sigas tu estrella y que allá donde vas, tierra de koalas, canguros, diversidad y contraste , dejes tu buena estela.
Soy tu fiel entusiasta agradecida por tantos caminos como nos abres y por compartir tus experiencias. Decirte a ti y a todos los que estáis fuera, que por muy lejos que os encontréis, en los corazones de vuestras madres siempre encontrareis vuestro hogar y vuestras raíces.
jueves, 18 de diciembre de 2014
UN FINAL PARA M Y P
Conocí a Montse en el verano del 2.005 cuando me apunté a un curso de cocina en el centro cívico de Sarriá. Nos hicimos amigas enseguida. Parlanchina y vivaracha me gustó desde el primer momento. Al terminar la clase soliamos ir a tomar algo a la terraza de un bar que estaba cerca. Montse trabajaba en su casa. Era correctora de libros y yo precisamente era editora aunque ya las dos nos encaminabamos a la edad de la jubilación. Un dia de repente pensativa me dijo " La receta que hemos aprendido hoy le hubiera encantado a Pedro. Fijate, murió justo hace un año" . En un momento su semblante se entristeció y pensé estaba a punto de echarse a llorar. " Lo siento ¿era tu marido?" le dije en voz baja para no invadir sus recuerdos. " Pedro era Pedro. No sabría decirte todo lo que era para mi y eso que tuvimos una historia turbulenta de esas de teatro, pero le dió tal giro a mi vida que sin el no estaría aquí hablando contigo sino abrazada a mis gatos y libros sola en casa" Entonces me conto una historia preciosa de esas de libro con final feliz.
martes, 9 de diciembre de 2014
RELATO. Num.3 CONTINUANDO CON MONTSE
Aquella noche Montse no pegó ojo. Su cerebro y su cuerpo eran como vasos comunicantes y los nervios se tradujeron en fiebre y gastroenteritis. Así estuvo tres días hasta que se dijo a si misma -¡ Basta! Me va a dar algo. Voy a volver a ese centro a buscar a Pedro - Así fue como empezó su transformación. Fue a la peluquería. Se compró ropa y por una vez se dio cuenta de que su vertiente femenina todavía existía. El día señalado se dirigió al centro. Llegó y entró sin dilación. Allí estaba el profesor - Claro que me acuerdo de ti, Montse ¿ como estas? - Ella de reojo miraba la puerta entre abierta de la clase. Y vio a Pedro. Estaba hablando con los demás. Pedro la vio a ella y salió. Se acercó mirándola a los ojos y ¡zas! Le arreo un buen tortazo mientras gritaba - ¡ Te llamé, te llamé mil veces y tu abuela siempre me decía que no estabas o no podías ponerte !
Montse entonces tuvo unos flashes de su adolescencia - Abuela ¿Quien era?
-Un pesado que se equivoca siempre - luego dejaron de llamar. Ella pensó simplemente que "el pesado" se había cansado de molestar ¿Porqué le había hecho esto la buena mujer ? ¿Para protegerla? Que equivocada y poco acertada estuvo, iba pensando Montse mientras tenía la mano puesta en la cara por el escozor y miraba a Pedro sin verlo.
- Pedro ¿ de verdad me llamabas? Que mal. Mi abuela. No lo entiendo - iba diciendo Montse confundida.
- También te escribí ¿No leíste mis cartas? - Pedro aturdido iba enumerando todo lo que había hecho para contactar con ella.
- Mi abuela no me las dio ella tenía la llave del buzón - y no solo del buzón pensaba Montse, sino la de mi vida entera. Ahora ya no podía preguntarle. Ahora solo ella manejaba su barca.
Montse entonces tuvo unos flashes de su adolescencia - Abuela ¿Quien era?
-Un pesado que se equivoca siempre - luego dejaron de llamar. Ella pensó simplemente que "el pesado" se había cansado de molestar ¿Porqué le había hecho esto la buena mujer ? ¿Para protegerla? Que equivocada y poco acertada estuvo, iba pensando Montse mientras tenía la mano puesta en la cara por el escozor y miraba a Pedro sin verlo.
- Pedro ¿ de verdad me llamabas? Que mal. Mi abuela. No lo entiendo - iba diciendo Montse confundida.
- También te escribí ¿No leíste mis cartas? - Pedro aturdido iba enumerando todo lo que había hecho para contactar con ella.
- Mi abuela no me las dio ella tenía la llave del buzón - y no solo del buzón pensaba Montse, sino la de mi vida entera. Ahora ya no podía preguntarle. Ahora solo ella manejaba su barca.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Relato - 2. LOS DEVANEOS DE MONTSE
Montse llego a su casa en estado de shock. Ella, mujer cargada de dudas e insegura ¿ le había propiciado un cachete al antiguo amor de su vida? Todavía no podía creer lo que había hecho. Había sido su mano. Desde luego. O mejor dicho, su corazón. En condiciones normales se hubiera muerto solo de pensarlo pero aquel día algo había cambiado en la profundidad de su ser.
Su gato se caracoleó entre sus piernas ronroneando como hacía siempre que llegaba a casa pero enseguida se separó porque hasta el notó que su dueña estaba diferente.
Lo que más había impactado a Montse era que Pedro estaba igual que hacía treinta años. Su mirada. Su voz perlada. Su sonrisa. Su desparpajo. Todo había vuelto a despertar en ella esos encuentros fugaces en el ascensor de casa de su abuela. Con esos recuerdos había sobrevivido todo ese tiempo y ahora aún se volvían más vivos. Sonrió porque a pesar de todo estaba contenta.
Se preparó un café bien cargado y se tumbó en el sofá a pensar.
De repente le asaltó una idea tremenda. Si volviese a ese centro la semana próxima, a la misma hora, es probable que volviera a ver a Pedro. No. Eso no iba a pasar ¿ Y porqué no? Le gritaba una vocecita desde su interior. No. Montse no era de esas que se atreve a enseñar al mundo sus sentimientos. Ella ya estaba bien siendo una rata de hemeroteca escribiendo críticas de libros y publicandolas en El Periódico. Los libros junto con su gato Tarzán habían sido su familia desde que murió su abuela.
Pedro ¿ Como debe ser tu vida ? Pensó Montse mientras cogía la taza con las dos manos para sentir el calor y aspirar el aroma del café. Entonces pensó que se moría de ganas y curiosidad de volver a verle. Pero eso no podía pasar.
lunes, 1 de diciembre de 2014
RELATO-1- El reencuentro inesperado.
Un día por azar, paseando por Sarriá, Montse vio un
anuncio que le llamó la atención. “Curso de autoconocimiento integral y
crecimiento interior, impartido por el profesor Bernardo Masía”. Montse se paró
en seco - “Que titulo tan sugestivo, pero no tengo tiempo y habrá gente bien
preparada” pensó mientras miraba el escaparate de lo que le pareció un centro
cultural donde había más prospectos colgados. La foto del profesor decía mucho.
Pelo cano peinado hacia atrás, camisa azul tejana bien planchada y mirada sonriente.
“Entro y pregunto. No. Mejor otro día. Hoy es tarde. Ay no sé. Es una tontería.
Seguro pareceré ridícula”. El cristal reflejaba la propia imagen de Montse.
Estatura baja, más bien rellena, su físico no era de lo que más orgullosa
estaba. En realidad, no se gustaba en absoluto. “Entro a pedir información.
Diré que es para una amiga “pensaba
Montse retorciendo el asa del bolso hasta hacerse daño en los nudillos sin
darse cuenta.
Bernardo la observaba desde dentro. Veía la cara de
sufrimiento de Montse que se había quedado embobada mirando su anuncio “¿Qué le
pasará a esta chica por la cabeza?” Decidió salir y preguntarle.
-
Hola ¿puedo ayudarte?
Veo que hace rato estás mirando el cartel- dijo Bernardo con un tono de voz
sugestivo y amable entornando un poco los ojos por el sol en contra.
-
¿Es a mí? – Contestó
Montse sorprendida.
-
Sí, claro, no te asustes
mujer ¿te interesa el curso? Soy Bernardo, el profesor ¿y tú? – Bernardo por
entonces viendo que la chica le miraba con ojos desorbitados, le tendió la mano
amigablemente.
-
Bueno – balbuceó Montse
mientras le decía su nombre- no sé, es para una amiga. Yo no, o sea para mí no sé yo si -Montse intentaba ganar tiempo mientras pensaba
que solo quería salir corriendo, volver a su casa, entre sus cosas conocidas,
con su gato sus libros y poco más.
-
Pasa sin miedo, te voy a
presentar – le dijo el profesor cogiéndole de la mano. No había duda de que ese
curso estaba pensado para personas como ella. Se la veía frágil e indefensa.
Al entrar un fuerte olor a incienso la incomodó. Nunca
había soportado ese olor. La luz era de fluorescentes, de lo peor. Montse se
encontró en una habitación cuadrada con colchones en el suelo donde había varias personas “No me puedo creer que yo esté
aquí con esta gente que no conozco de
nada ¡qué vergüenza! ¿Qué van a pensar de mí? Pero qué horror ¡Socorro! Quiero
salir de aquí”
-
Os presento a Montse
- dijo Barnardo - Montse estos son
Alvaro, Celia, Jose y Pedro. Todos están como tú, porque es el primer día.
-
Ah. Hola. Perdonad. Es
que pasaba y he visto, bueno, el letrero, pero no sé yo si puedo quedarme- a
Montse no le salían las palabras ni conseguía hilvanar dos frases seguidas. Sentía
las miradas de los demás clavadas en su cara como dardos punzantes.
Y entonces ocurrió algo insólito, algo que recordaría el
resto de su vida. Uno de los alumnos se levantó, se le acercó y le dio un abrazo diciéndole:
-
Montse, querida, no te
acuerdas de mí, soy Pedro, el vecino de casa de
tu abuela, el hijo de Maruja.
Y Montse recordó. Recordó los encuentros fugaces en el
ascensor con Pedro. Los manoseos y besos rápidos que se daban. El olor entre
chicle y caramelo de su aliento caliente, cuando apenas tenían catorce años.
Las promesas de amor eterno y las cartas que Pedro le dejaba en la mochila y
ella luego releía una y mil veces en la cama. Pero lo que tenía más presente y
le había perseguido durante casi treinta años era que un día Pedro cambió de barrio. Se mudó
con su familia y a pesar de las promesas y de que ella le esperó al principio
con el corazón en vilo y luego ya rota de dolor sin esperanza, desapareció para
siempre, llevándose con él no solo su inocencia sino su confianza en el sexo
opuesto.
Montse se separó de Pedro, le miró fijamente a los ojos y
le propició una sonora bofetada, una bofetada que le debía hacía muchos pero
que muchísimos años.
No se quedó en la clase. Aquel día por primera vez en
mucho tiempo se fue cantando camino de su casa.
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